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Relieve y Geología

Los límites administrativos de Moya se corresponden con determinados elementos morfoestructurales que configuran el relieve de este sector septentrional insular en el que se sitúa el municipio. Con forma de larga cuña cuyo vértice se encuentra en la zona de Cumbre, en Montaña de Los Moriscos, el territorio municipal se extiende longitudinalmente hacia la costa flanqueado por dos de los barrancos más espectaculares del norte, quedando entre ambos una densa red de drenaje reflejada en multitud de lomos y barrancos.

Al igual que para el resto de la isla, la génesis del municipio de Moya está ligada a la actividad volcánica, la cual crea estructuras que dan gran personalidad y singularidad al paisaje. Pero esa actividad constructiva no puede desligarse de períodos de inactividad, en los que el agua y el viento con su labor de desgaste modelan los materiales emitidos, dando lugar a un escenario que parece como “arañado” en sus mismas entrañas.

En cuanto a los materiales y formas geológicas que es posible encontrar desde la costa hasta la cumbre de Moya, es preciso tener en cuenta que las lindes del municipio dibujan un territorio que se ubica totalmente dentro del sector más reciente de la Isla, que abarca la mitad nororiental grancanaria, y que se conoce con el nombre de Neocanaria. Es decir, un área en la que se han registrado erupciones volcánicas recientes, y donde se encuentran los materiales más jóvenes, pendientes homogéneas, jerarquizada red de barrancos y desniveles no muy acusados.

 

mapageologico

De este modo, dentro del Municipio de Moya, nos encontramos con relieves y formaciones que se corresponden con los distintos ciclos geológicos de formación del territorio insular. Así, la superficie municipal está cubierta de materiales volcánicos pertenecientes a todos los ciclos geológicos descritos para la Isla, así como geoformas representativas a nivel insular tanto desde el punto de vista morfoestructural como morfogenético: en las cumbres se localizan dos de los últimos volcanes grancanarios, Montañón Negro y Caldera de los Pinos, en una alineación cuya directriz se continúa hacia el Noroeste, se encontraban en erupción hace unos 3.000 años, siendo unas de las últimas manifestaciones volcánicas de la Isla; los Barrancos de Azuaje y Moya que delimitan los flancos del municipio hasta sus respectivas desembocaduras, más allá de un acantilado fósil que ha quedado retirado del mar por una plataforma de abrasión marina.

Hay un claro predominio de los materiales basálticos Cuaternarios, salvo en las rampas más cercanas al litoral, de mayor antigüedad y de composición sálica. Resultado de la acción constante del agua durante millones de años, el municipio de Moya tiene su paisaje característico en los lomos de pendientes moderadas y multitud de barrancos que los alternan.

Con una suave inclinación desde la cumbre hasta la costa, la superficie municipal llega al mar atravesando materiales más antiguos y, en los últimos metros, por medio de una plataforma de abrasión marina, superficie prácticamente llana consecuencia de un lento y continuo retroceso del acantilado por la acción erosiva del mar, y que ha quedado al descubierto por un nivel marino actual inferior; tras sí, esta terraza marina ha dejado un acantilado fósil, cortado por los cauces que, tras fuertes o largas precipitaciones, depositan parte de los sedimentos en la terraza formando poco a poco pequeños abanicos aluviales (Punta de Moya en la desembocadura del barranco del mismo nombre).

 

Formas del Relieve

Los barrancos

Los dos barrancos que destacan por su entidad geomorfológica y natural sirviendo de linderos naturales con sus municipios limítrofes, son los barrancos de Moya y Azuaje. Ambos, se caracterizan por presentar unas líneas de drenaje radial muy jerarquizado, que han ido encajándose como consecuencia del transcurrir de las aguas y un perfil transversal en V que, en parte de su recorrido, tanto en el Barranco de Azuaje como en el de Moya, puede definirse como cañón. Se trata de los barrancos más espectaculares del norte, quedando entre ambos una densa red de drenaje reflejada en multitud de lomos y barrancos tributarios.

Esto facilita el trazado de los caminos denominados de “costa a cumbre”, normalmente de gran recorrido y dificulta los itinerarios transversales que han de salvar las grandes diferencias altitudinales. Esta alternancia tan acusada entre barrancos e interfluvios ha permitido la conservación a través de los años de paisajes protegidos tan importantes como Los Tilos de Moya o Barranco Oscuro.

Los barrancos, originados por la acción de desgaste constante de las lluvias, constituyen una morfología característica del relieve isleño. En los tramos bajos suelen estar cubiertos por depósitos sedimentarios, en su mayoría cantos rodados, a medida que recorremos su cauce hacia el interior, se encuentran labrados sobre rocas pulidas por la acción de los materiales que transportan las aguas, presentando “acanaladuras” y amplias charcas o pilancones. En otras ocasiones, existen en los cauces fuertes desniveles que se convierten en cascadas tras las lluvias denominados caideros o tabucos.

Los Interfluvios

Los interfluvios son los espacios situados entre los cauces de los barrancos, tienen formas variadas a las que corresponden términos descriptivos del habla popular. Las rampas son llanos inclinados. Las tabladas, tableros, o mesas y mesetas, tienen superficies planas y suaves recortadas por fuertes escarpes, y las crestas son interfluvios estrechos, agudos, rocosos, coronados por perfiles dentados, y accidentados por roques, morros, cabezos, castilletes y fortalezas.

Los lomos son interfluvios convexos, y no son otra cosa más que apilamientos de coladas que han resistido a la erosión, esto es, coladas superpuestas de diferente grosor y en ocasiones de diferente naturaleza. Otorgan identidad al paisaje en la zona de medianías principalmente dándole un carácter accidentado, y son muy abundantes en la toponimia: Lomo del Tablero, Lomo del Pino, Lomo Blanco…

Las coladas volcánicas

Con una suave inclinación desde la cumbre hasta la costa, la superficie municipal llega al mar atravesando materiales más antiguos y, en los últimos metros, por medio de una plataforma de abrasión marina, superficie prácticamente llana consecuencia de un lento y continuo retroceso del acantilado por la acción erosiva del mar, y que ha quedado al descubierto por un nivel marino actual inferior; tras sí, esta terraza marina ha dejado un acantilado fósil, cortado por los cauces que, tras fuertes o largas precipitaciones, depositan parte de los sedimentos en la terraza formando poco a poco pequeños abanicos aluviales (Punta de Moya en la desembocadura del barranco del mismo nombre).

Los conos volcánicos

Los volcanes son elementos característicos del relieve de Gran Canaria. Se distinguen en el paisaje por su forma cónica; actúan como elementos generadores del relieve, en especial cuando aparecen asociados, dando lugar a campos y alineaciones volcánicas. Por lo general se originan a partir de una sola erupción que puede durar desde algunas horas a varios días, semanas o meses. Durante una primera fase se construye el cono por acumulación de materiales explosivos, fragmentados por la acción de los gases, como el picón y las escorias. En la segunda, la actividad pasa a ser fundamentalmente efusiva, emitiéndose lavas de distinta viscosidad en función de su mayor o menor contenido en gases.

La zona cumbrera de Moya se distingue por su paisaje típicamente volcánico que contrasta en formas y colorido con su entorno inmediato. Dos edificios volcánicos son los que transformaron hace aproximadamente 3.000 años el relieve existente, los cuales ostentan el “record” de ser unas de las últimas erupciones volcánicas de la isla; Montañón Negro y Caldera de los Pinos suponen dos grandes atractivos del paisaje y puntos de referencia en la historia geológica de Gran Canaria.

El primero es un edificio típicamente estromboliano en origen y forma, con un perfil cónico bien conservado de 192 m de altura; está compuesto por piroclastos finos de color negro (lapillis o comúnmente denominados picón) y en menor medida escorias y escasas bombas volcánicas de pequeño tamaño. Montañón Negro surgió en la divisoria de los barrancos de La Virgen-Azuaje y Fontanales (1.470 msnm) y las coladas de lava fluyeron a lo largo de sus cauces una distancia de 13 y 9 Km. respectivamente.

Al noroeste y cercano a éste se encuentra la Caldera de Los Pinos, un relieve volcánico negativo de carácter freatomagmático debido a una reacción entre el magma ascendente y una bolsa o conducto de agua subterráneo; la explosividad de este encuentro magma - agua produjo un drástico vaciado del material y dejó al descubierto las paredes internas del volcán. En su fase efusiva, las coladas de este aparato también fluyeron por un cauce cercano hasta confluir con las de Montañón Negro en el Barranco de Fontanales-El Brezal-Los Tiles-Moya.

Aparte de estos dos representativos volcanes, el municipio de Moya cuenta con otros edificios volcánicos monogenéticos menores, sobre todo en su mitad meridional, que se originaron en el denominado Ciclo Post Roque Nublo, y que se encuentran totalmente alterados o desmantelados debido a unas condiciones climáticas de acusada humedad.

Relieve de la zona alta del municipio

La zona cumbrera de Moya es la más rejuvenecida por la reciente actividad volcánica. Así lo evidencian los campos de picones, malpaíses de bloques erráticos y coladas fluidas que cubren varios kilómetros de lechos fluviales y fondos de valles, y que contrasta en formas y colorido con su entorno inmediato.

En dirección hacia la zona media, entre las cuencas de Valsendero y Los Tiles, baja todo un conjunto de lomadas pertenecientes al Ciclo Post Roque Nublo o Reciente (<2,8 m.a.), que se componen de crestas muy desgastadas por la erosión interrumpidas por los barrancos.

El sector cumbrero y de medianías es evacuado por una serie de cauces tributarios de los barrancos de Valsendero y Moya. Así, al SE del Bco. del Pinar, partiendo desde Los Moriscos, nace el curso del Agua de Fontanales, entre la montaña de El Capitán y los desniveles de Cañales (1400 m.), y termina al Sur de Fontanales, donde cambia su nombre por el de Bco. del Laurel, que discurre por el centro exacto del municipio, encontrándose al final del Lomo Rivero con el Horcajadas. En su descenso, tuerce su curso hacia el Oeste, dejando por el Sur las crestas de Cazadores y Pavón (cota de 1000 m.), que se prolongan en dirección N-NW mediante rampas sucesivas, entre las cuales sobresale la del Lomo de El Cavadero.

Prosiguiendo hacia el centro, el Bco. de El Laurel recibe el curso del Bco. de Las Juradas, que tiene su origen en el talud que lleva su mismo nombre, después de abrirse camino a través de los lomos de Las Tosquillas y Tablero.

Relieve de la Zona Media del municipio

Esta zona se sitúa entre los 200 y 600 m. de altitud, y está drenada por las cuencas altas y medias de los barrancos de Los Dragos y Salado. El primero nace en la Montaña de las Palmas, pero con el nombre de San Fernando, pasa junto al monte de La Corcova, para proseguir por el Oeste del lomo de San Fernando, torciendo aguas abajo por el Este de la Villa, con el nombre de Barranquillo de Moya, y a pocos metros del Bco. de Azuaje. En este tramo discurre por terrenos llanos, a poca profundidad, y recibe también el nombre de El Lance en las cercanías del barrio de idéntico nombre. A su paso por la zona más poblada del municipio, deja a la derecha los cerros de Zarza Gorda, Doramas, La Josefa y Carretería, estas prominencias del terreno vierten hacia la parte oriental a través de los afluentes del Doramas, afluente a su vez del Bco. de Azuaje.

En la parte noroccidental se encuentra el espacio de Cabo Verde. Se trata de una zona definida por el Bco. de El Salado, que inicia su curso en la vertiente septentrional de La Montañeta (Mña. de Moya), y se abre camino por las rampas que terminan bordeando a gran altura la plataforma costera, una vez remontados los escarpes del lomo de El Palo y Moreto. Cuenta con varios afluentes, entre los que destaca el barranquillo de Cabo Verde, que nace en las lomadas de Los Dragos y Cabo Verde. El Salado excava profundamente su lecho en las paredes del antiguo cantil para salvar un escalón de más de un centenar de metros. Finalmente desemboca al poniente de la punta de El Pagador.

Relieve de La Costa

Por debajo de los 200 m. de altura está la costa o zona baja del municipio. En la parte superior prosigue el barranco de El Lance su descenso, cambiando de nombre por Los Dragos a la vera de La Montañeta. Precisamente desde este relieve y las crestas de Lomo Blanco y del Lomo de Las Canales vuelve a encajarse de nuevo. Desemboca a pocos metros del barranco de El Salado, después de remontar un potente desnivel de más de 100 metros.

Los últimos escalones del confín septentrional del municipio corresponden a coladas ignimbrito-fonolíticas del Primer Ciclo de formación de la isla, que han sido fuertemente erosionadas por los barrancos. Entre estos escarpes de fuerte entalladura y el océano se abre la plataforma costera de Lairaga, que se ha formado entre el antiguo litoral y el mar a partir de sedimentos marinos y materiales arrastrados por los barrancos de Azuaje, Los Dragos, El Salado y Moya.