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SVM.6 Camino de San Fernando

FICHA TÉCNICA: 

Recorrido: Corvo – Montaña la Corcova – Lomo de La Laja – El Fronte – Camino de San Fernando – Lomo de Moya – Moya.

Desnivel:445 m. (Corvo 929 m. – La Corcova 854 m. – Lomo La Laja 775 m. – El Fronte 710 m. – Lomo de Moya 600 m. – Moya 486 m.)

Tipos de firme: Asfalto, cemento y tierra.

ENP: Parque Rural de Doramas y Reserva Natural Especial de Los Tilos de Moya.

Precauciones: En carreteras circular por su izquierda.

Opciones de transporte: Es posible realizar en coche gran parte del recorrido. Paradas de guagua de Global en Corvo y Moya.

 

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DESCRIPCIÓN GENERAL

 

Esta ruta discurre enteramente sobre rocas del ciclo volcánico Post-Roque Nublo (los últimos 2,8 millones de años), y se desarrolla por la histórica Selva de Doramas, masa boscosa que fue desapareciendo a lo largo de los años y a la que la agricultura dio la puntilla durante el S.XIX y XX.

Este camino se inicia junto a la parada de guaguas existente a la entrada al barrio de Corvo, pasa delante de la antigua escuela, actualmente en fase de restauración para ser explotada como albergue. Continua, siempre entre eucaliptos y fincas,  por la falda Oeste de la Montaña de La Corcova, deja el Lomo de La Laja a la izquierda del camino y Montaña de Las Palmas a la derecha, y al llegar a El Fronte, ya en el Camino de San Fernando, y en continuo descenso por el Lomo de Moya, que nos deja unas bonitas vistas panorámicas de la Villa de Moya, nos lleva hasta el descansadero de los muertos y La Fonda, para finalizar junto a la oficina de turismo de Moya.

Los rasgos que definen el clima de esta zona de medianías de la vertiente de barlovento de la isla se caracterizan por la presencia de unos registros térmicos relativamente suaves a lo largo de todo el año y unas precipitaciones abundantes en el contexto insular.

El camino discurre entre los 926 y 490 msnm., bajo la influencia de los vientos alisios. Las precipitaciones medias pueden alcanzar los 600 mm. al año, localizándose las lluvias más abundantes al final del otoño y durante los meses invernales, mientras que el verano está marcado por una intensa sequía, aunque la aparición de los alisios provoca el fenómeno conocido como “lluvia horizontal”, en las zonas de contacto con las nubes, que produce densas nieblas que disminuyen considerablemente la visibilidad y aumentan la humedad ambiental.

Las condiciones de suaves temperaturas y gran humedad favorecieron la colonización por parte de las especies que forman el bosque del monteverde o Laurisilva. En el pasado prácticamente todo el área de influencia menos, quizás las cotas más bajas, cercanas a la Villa de Moya, se encontraba cubierto de este variado bosque.

A pesar de la drástica reducción de la Selva de Doramas, se conservan algunos pequeños bosquetes de monteverde en la zona, junto a matorral y cultivos, en zonas de umbría y fondos de barranco. Hoy en día estas zonas están recogidas dentro del Parque Rural de Doramas y otras figuras de protección más estrictas, caso de la Reserva Natural Especial de Los Tilos, que bordeamos por su extremo oriental.

Este bosque ha sido sustituido a lo largo de estos 5 siglos por diferentes tipos de cultivos y vegetación exótica, como son los cultivos arbóreos de eucaliptos con fines madereros cercanos a Corvo, Montaña de La Corcova, Lomo de La Laja y Montaña Las Palmas, donde pocas especies arbustivas y herbáceas pueden penetrar por la acidificación del suelo, destacando la aparición de brezos, follaos, laureles y granadillos en los márgenes de estas poblaciones.

Los relictos del monteverde son de gran importancia faunística para el mundo de los invertebrados, muy adaptados a esta formación boscosa, por lo que es fundamental el incremento de este tipo de bosque para evitar la desaparición de cientos de especies de insectos.

Entre las aves que nos podemos encontrar, de tamaño mediano destacan el mirlo, la tórtola y la paloma bravía. Y entre las de menor tamaño, destacan la alpispa, el frailero y el canario. También encontramos capirotes, pechuguitas, pinzones o chau-chau, etc.

 

ITINERARIO POR TRAMOS

 

Primer Tramo SVM.06 a: Corvo – Montaña la Corcova – Lomo de La Laja – El Fronte (aprox. 2520 m. / 40 minutos)

Partimos junto a la parada de guaguas existente en la carretera general GC-75, de Moya a Fontanales, en la entrada al barrio de Corvo, y primero en suave ascenso, y después en continuo descenso, nos dirigimos por camino de cemento hasta la vivienda nº 32 “Casa del Mirlo”, a 240 m. del inicio de la ruta, donde encontramos un cruce, a la derecha, Conexión con el sendero SVM.02. Nosotros continuamos a la izquierda, ahora descendiendo hasta cruzar la carretera GC-75, a 432 metros del inicio y a la altura del futuro albergue de Corvo, antigua escuela unitaria.

Seguimos por este camino de cemento, que, en apenas 1050 metros del inicio, pasa a ser de tierra, al inicio de Montaña de La Corcova, entre eucaliptos. A partir de aquí y siempre por pista de tierra avanzamos hasta su fin, en El Fronte, 1471 metros más adelante. En el camino dejamos atrás el Lomo y camino de La Laja a la izquierda, y la Montaña de Las Palmas a la derecha, siempre cubierta de bosquetes de eucaliptos, indicador del uso mederero de la zona en el pasado no tan lejano.

 

Segundo Tramo SVM.06 b: El Fronte – Finca de Los Delgado – Camino de San Fernando – Lomo de Moya – La Fonda – Moya (3010 m. / 50 minutos)

Ya en asfalto y hasta el final del recorrido, la ruta desciende por el Camino de San Fernando. Pasamos junto a dos de las casonas de las familias más adineradas de Moya, Los Delgado – Manrique de Lara, observando en la segunda de ellas, a nuestra izquierda, dos ejemplares magníficos de dragos.

A unos 1118 metros del inicio de este tramo, llegamos a una intersección a la derecha, Conexión con el sendero SVM.07, que viene del camino de Zarzagorda. Nosotros continuamos la marcha por el asfalto, hasta llegar a otro desvío, esta vez a la izquierda, también Conexión con sendero SVM.07, 402 metros más adelante. Seguimos todo recto por el Lomo de Moya, disfrutando de unas bonitas vistas panorámicas del Barranco de Moya y de la Villa de Moya, donde se aprecia su disposición sobre el lomo.

Comenzamos a descender de forma brusca y en zigzag hasta llegar al descansadero de los muertos, situado en el margen izquierdo del cruce entre el Camino de San Fernando y las carreteras GC-75, de Moya a Fontanales y GC-700, de Moya a Guía y Gáldar. Desde aquí, solo nos queda pasar por delante de La Fonda, y finalizar junto a la oficina de turismo de Moya, en la intersección de las calles Juan Delgado y paseo de Doramas.

 

INFORMACIÓN ADICIONAL

 

Montaña Las Palmas.

En pequeño cono volcánico de piroclastos, constituido por lapillis, escorias y bombas, perteneciente al ciclo post-Nublo y emplazado sobre coladas de lavas de composición basanítico- nefelinitica de este mismo ciclo.

Tiene planta circular y perfil cónico con unas dimensiones de 550 por 500 metros. Posee un cráter en herradura abierto hacia el Norte, cuya altitud esta a 750 msnm.

Presenta una densa masa arbolada que enmascara parcialmente el edificio, impidiendo apreciar con detalle su estructura, si bien ésta, afortunadamente es visible en algunas cuevas localizadas en sus laderas, que fueron utilizadas en el pasado como gallanías.

 

Familia Manrique de Lara.

Su origen parece vincularse con los reyes godos y, con posterioridad, a los Condes de Castilla y la Casa de Lara, uno de los cinco linajes más importantes y mayor poderío de la Castilla medieval. Tuvo enorme influencia, tanto en este reino como en el de León, en el período comprendido entre fines del siglo XI y mediados del siglo XIV. Dueños de cuantiosas posesiones y vastos dominios en Castilla, León, Andalucía y Galicia; su poder fue equiparable al de la monarquía.

El apellido arranca de uno de los miembros destacados de la Casa Lara, el Conde y Señor Manrique (Almerico) de Lara (vivió aprox. de 1103 a 1165), al asumirlo en su honor sus descendientes por ser hombre notable que alcanzó la amplios poderes territoriales, gobernando soberana e independientemente, y descender de la realeza adopta el lema de familia: “Nos non venimos de reyes, sino reyes vienen de nos”.

Manrique fue tutor de Alfonso VIII de Castilla, primer Señor soberano e independiente de Molina y Vizconde de Narbona, esto último por su casamiento con Hermisenda –Ermesenda o Ermesinda- hija y nieta de los vizcondes de Narbona, descendiente única y sucesora de Aimerico III, que vivió alrededor de los años 1115-1175.
Hijo de Pedro González de Lara (al parecer casado primeramente o estrechamente vinculado a la reina Urraca de Castilla, con la que tuvo descendencia) y Eva Pérez de Traba; nieto por línea paterna del primer conde soberano e independiente de Castilla y Señor de Lara, Fernán González y Sancha infanta de Navarra (hija del rey Sancho García II de Navarra).

Hijo de Manrique y Hermisenda fue Pedro Manrique de Lara, Señor de Lara y de Molina, vizconde de Narbona, tutor del rey Alonso VIII. Casó con la infanta Sancha de Navarra, hija del rey navarro García Ramírez V y la reina Urraca hija de Alonso VII. De este tronco, parten las ramificaciones del apellido Manrique de Lara.
Debido a la grandeza, opulencia y poder del conde Manrique de Lara, así como el número de deudos y súbditos, calidad y cantidad de empleos y honores, hicieron que en el siglo XII sus descendientes tomaran su nombre como apellido; costumbre inusual en Castilla. De esta forma, se constituyó en tronco y principal ascendiente de la Casa Manrique de Lara; esta rama de la extensa e ilustre estirpe de Lara, fue la única que sobrevivió más allá de la Edad Media.

Sus sucesores ostentaron los más importantes títulos de Castilla como el ducado de Nájera, marquesado de Aguilar de Campoo, condados de Paredes de Nava, Osorno, Treviño, Triviana y Amañuelas; todos ellos con Grandeza de España. También dieron ilustres literatos como Gómez Manrique o Jorge Manrique, así como príncipes de la Iglesia y numerosos caballeros de Ordenes Militares.

El emperador Carlos V distinguió la Casa de Lara con Grandeza de España, manteniendo una gran influencia en la Corte, ostentando cargos importantes como virreyes, capitanes generales, embajadores y cardenales. Al igual sucedió en el reinado de su hijo Felipe II.

 

Adentamiento en Canarias.

Francisco Manrique, mercader burgalés natural de Orduña, provee el apellido en las islas Canarias, al instalarse en 1550 en el Real de Las Palmas. Sus padres fueron Andrés Manrique (hijo de Martín Sanz de Orduña y de María Sainz Manrique, residentes en Orduña cerca de Bilbao que vivieron durante el reinado de los Reyes Católicos) y Catalina de Salas (hija de Juan de Salas y Catalina de Quixada).
En las islas sus descendientes emparentan con importantes familias como Massieu, Bethencourt, Falcón, Llarena, Bravo de Laguna, Acedo, Pestana, Romero-Zerpa, del Río, Westerling, Quintana y, los títulos, de marqueses de Acialcázar, Torre Hermosa y Villanueva del Prado, y los condes de Siete Fuentes, Ponte-Ximénez y Bérriz (éste, en España peninsular).

Francisco Manrique de Lara instauró su familia en Canarias, que crece en importancia por su casamiento con Isabel Cibo Sopranis, hija del patricio genovés Felipe Cibo Sopranis. Constan como descendientes de este matrimonio:
Andrés Manrique de Lara Cibo Sopranis, se estableció en Truxillo (Perú), con descendencia.
Teodora Manrique de Lara Cibo Sopranis (Las Palmas 1565), continuadora de la familia. Enlazó con el capitán Juan Bautista de Amoreto, hijo de Juan Bautista Amoreto I y Blanca Rapallo. Sus hijos fueron:

Alejandro Bautista de Amoreto Manrique de Lara (Las Palmas 1590) que forma la rama Manrique Amoreto (casa del condado de la Vega Grande). Casó en 1615 con Jacinta Calderín Tello, hija de Teodoro Calderín Balboa Ana Xuárez Tello.
Blanca de Amoreto Manrique de Lara, fundadora de la rama Manrique de Lara Cabrera (coroneles-gobernadores de Fuerteventura), matrimonió en 1609 con el capitán Lorenzo Gesquier (Las Palmas 1584) y en 1620 con Vicente Álvarez Travieso, de éste último sin hijos.

- Isabel de Amoreto Manrique de Lara, monja Bernarda.

Así en Canarias quedan constituidas dos ramas familiares, iguales en importancia y méritos:
a) la Manrique de Lara-Amoreto (Condes de la Vega Grande de Guadalupe) vinculada a los mayorazgos Manrique, Truxillo, Alvarado y Castillo.
b) la Manrique de Lara-Cabrera (Coroneles de Fuerteventura), por enlace de Francisco de Asís Manrique de Lara del Castillo (Las Palmas 1765: La Oliva 1833) con Sebastiana Cabrera Cabrera (La Oliva 1762; ídem 1850), última del linaje de los Cabreras establecidos en Canarias fundada por el conquistador Alonso de Cabrera Solier, casado con Catalina Dumpiérrez.


Por otro lado, volviendo atrás y situándonos en el siglo XVI, Martín Manrique de Lara, hermano menor de Francisco fundador de la familia en las Islas, se instaló accidentalmente en la isla de la Gomera, cuando iba camino a Perú. Casó en esta isla con Isabel de Bobadilla Ayala, nacida en 1543, hija del capitán y gobernador de la Gomera Diego Prieto Melián y Ana Peraza de Ayala hija, a su vez, del Conde de la Gomera y Señor del Hierro Guillén Peraza de Ayala.

Martín Manrique de Lara fue capitán general y gobernador de la Gomera. Este matrimonio dejó como descendencia a:

Águeda Castilla que enlazó en Hermigua (1599) con el sargento mayor Pedro Barnuevo y Carvajal; sin sucesión.

Pedro Manrique que en 1604 matrimonió con Catalina Perdomo. Tuvieron una hija: Elvira Manrique.

Francisco Manrique, regidor de la Gomera, su cónyuge fue Elvira Osorio, y sus descendientes: Martín Manrique de Lara.

 

El Eucalipto: una relación de amor/odio.

En Gran Canaria, y sobre todo en Moya, se han asilvestrado dos especies del género Eucalyptus: Eucalyptus globulus, el eucalipto blanco, y Eucalyptus camaldulensis, el eucalipto negro, el primero de flores grandes y el segundo de "pseudohojas" (en realidad son ramitas aplanadas o filodios) y flores mucho más pequeñas. Los dos son procedentes de Australia y son considerados invasores. Más allá de estas consideraciones, se ha establecido tradicionalmente sobre esta especie una relación un tanto esquizofrénica de amor y odio. En ocasiones se les señala como perfectamente introducidos en nuestra cultura popular, que utiliza sus recursos, madereros, medicinales, paisajísticos, hasta el hecho de que se incluye a este árbol dentro del acervo cultural insular, apareciendo en el listado de especies y hierbas medicinales.

Prueba de este arraigo es su presencia en la prensa local cuando, por cualquier causa, una ampliación de una carretera, o la presencia de una plaga que les afecta, estos árboles se ven en peligro. También es importante su ya escaso uso como especie maderable, tanto en la construcción con la introducción de nuevos materiales, y en la agricultura, que ha ido en retroceso desde el boom del turismo.  Todo esto, no evita que en los medios conservacionistas se mantenga, no sin razón, una lucha contra la extensión de estas especies calificándolas de invasoras.

Como siempre no existe una única verdad, ambos enfoques son ciertos. Por un lado el eucalipto, como el castañero o el almendrero, se ha incorporado a nuestro acervo cultural y paisajístico, teniendo además interés medicinal. Pero no es menos cierto que este tipo de formaciones vegetales son cultivos, y no bosques, por lo que no contribuye a la biodiversidad. Esta disparidad de criterios no es exclusiva de Canarias, al contrario, se da en cualquier zona en la que se plantan eucaliptos en detrimento de la vegetación autóctona.

Para finalizar, los eucaliptos no son grandes enemigos del bosque natural. No lo desplazan, pero tampoco permiten la regeneración natural de la vegetación y frenan su progresión.  Cuando el eucalipto, especie de rápido crecimiento, proyecta su sombra sobre las especies vecinas y sus hojas, con propiedades alelopáticas se acumulan en el suelo, impide la regeneración natural del bosque autóctono. Esto implica que deben ser controlados en espacios naturales y, a ser posible, sustituidos por árboles autóctonos que faciliten la progresión natural del sistema.
Como en muchas relaciones humanas, esta que mantenemos con el eucalipto puede resultar dañina para una parte. Más vale quedarse cada uno en su sitio, los eucaliptos en las zonas urbanas y en cultivos, y los árboles autóctonos en nuestros montes.

 

El Poblamiento de la Villa de Moya.

La villa de Moya se localiza en la comarca noroeste de la isla de Gran Canaria, partiendo de la costa (Lairaga) hasta alcanzar la cumbre (Montañón Negro). Su casco y gran parte de su territorio se corresponde con zona medianías. Atravesada por dos grandes barrancos (el de Azuaje/Aumastel y el de Moya), en un espacio de unos 36 km. cuadrados. En su territorio estuvo la célebre Montaña o Selva de Doramas, nombre tomado por haber sido dominio del ilustre caudillo indígena .

A poco de la conquista, finales del siglo XV, comienza a gestarse el primer núcleo poblacional a las faldas de la Montaña de Doramas, caracterizada por un extenso bosque de laurisilva, hoy desaparecido. Sus límites actuales se han mantenido inalterables desde sus inicios; con un conato fallido de segregación del pago de Fontanales, en el siglo XIX.

La población de Moya, en su delimitación geográfica, con el tiempo se va distribuyendo a razón de la ocupación de tierra y el agua. Los primeros repobladores, a semejanza que la población indígena, se fueron asentando inicialmente en las cercanías de la costa de Lairaga y donde podían darse los ingenios de azúcar, como economía floreciente de la época, entre el barranco de Moya y Azuaje. Con la caída de la economía azucarera, progresivamente se va ocupando el interior, produciéndose una paulatina usurpación de tierras en el monte de Doramas, empezando una incipiente producción agrícola, principalmente cultivos de papa y millo, sin menoscabo de la explotación maderera, lo que conlleva el aumento de la población en el interior del municipio. Esto, favoreció un crecimiento importante del vecindario a partir del siglo XVII: alta tasa de natalidad, aumento de la esperanza de vida y la llegada de mano de obra foránea.  

El siglo XVIII, estuvo marcado por la recesión con importantes sequías y plagas de langostas que favorecieron las hambrunas y la propagación de epidemias que dieron lugar a una alta tasa de mortalidad, produciéndose un estancamiento demográfico, paralizando la fuerza productiva y el estancamiento de la economía. Agravado por una recesión a nivel interinsular con la caída de la producción vinícola. Situación que va mejorando a partir de la segunda mitad del siglo, con un progresivo crecimiento poblacional, debido a una creciente roturación de zonas cercanas a la Montaña de Doramas y el aumento de cultivos en las zonas de Trujillo, El Lance, Carretería y el Palo.

A continuación, exponemos una tabla con la evolución demográfica en estos años, observándose su progresivo crecimiento:

La organización política-administrativa, después de finalizar la conquista en 1483, sigue el modelo vigente en Castilla. En la isla existía un único ayuntamiento o cabildo compuesto por varios regidores y presidido por el gobernador o corregidor. En la isla se delimitaron 22 núcleos, Moya entre ellos, donde existía un alcalde real o pedáneo con jurisdicción civil y criminal.

En Moya, desde principios del siglo XVI tenía su parroquia, mucho antes de contar con la autoridad civil. Se considera que la figura del alcalde real apareciera a finales del XVI.

Durante el siglo XIX, se constituyen los municipios con sus propios ayuntamientos, como los conocemos hoy, regidos por un alcalde constitucional.

El acceso a los cargos locales queda restringido a sectores sociales concretos: con título de don, cargos en milicias, propiedades... Resultando una fuerte endogamia de los grupos dominantes, en que se favorece el acceso a miembros de determinadas familias.

 

APELLIDOS DE ANTIGUOS POBLADORES

A continuación ponemos un listado de apellidos de repobladores de Moya entre los siglos XVI y XVIII, en ellos describiremos sucintamente acerca del origen del apellido, su asentamiento en las islas, avecindamiento en el Lugar y la mención de algunos de sus descendientes. Por su parte, como toda obra humana, siempre se pueden relegar apellidos involuntariamente.

 

AFONSO (ALONSO)

Apellido originario de Portugal, correspondiente a descendencia de familiar con el nombre de Alfonso (patronímico). Desde los primeros tiempos de finalizada la conquista, en varias islas se encuentran personas así apellidadas, sin relación familiar entre ellos.En Moya, se avecindó fue el alférez GONZALO AFONSO, nacido en Teror en el año 1573. Contrajo matrimonio con la moyense MARÍA DE ALMEIDA, en el año 1598, hija de Agustín Almeida e Inés Hernández.

 

ALEMÁN

Apellido gentilicio referido a las tribus germánicas. En Gran Canaria se asentó el borgoñón JUAN DE ALEMÁN que casó conla sevillana Isabelde Tamariz, asentándose en la isla.PEDRO ALEMÁN MIRANDA, natural de Gáldar, hijo de Juan Miranda Alemán e Isabel Mayor, se avecindó en Moya. En el año 1653, casó en la villa con ANA DE LOS SANTOS, nacida en el lugar en 1633, hija de Andrés Hernández y María de los Santos. Fue un labrador acaudalado con tierras y agua.

 

ALMEIDA

Apellido originario de Portugal, recibe el nombre de una villa al noroeste del país.

El primero que constatamos documentalmente es a AGUSTÍN DE ALMEIDA, casado con INÉS HERNÁNDEZ, vivieron en Moya en la segunda mitad del siglo XVI.

 

AMORETO/AZUAJE

Esta familia perteneciente a la nobleza de la república de Génova, llega a Canarias con el matrimonio formado por JUAN BAUTISTA DE AMORETO, conde de Amoreto, y BLANCA RAPALLO SOAGGI (castellanizado como Azuaje). Este JUAN BAUTISTA había sido capitán de galeras que prestó importantes servicios al ducado de Saboya y los reyes hispanos. A finales de 1500, ambos se instalaron y avecindaron en Gran Canaria.En la isla tuvieron extensas posesiones de tierras y agua, además de ingenios de azúcar; siendo de importancia las localizadas en Moya. De estas posesiones, muchos lugares toman como referencia sus apellidos, entre estos, el barranco de Azuaje.

Su descendencia se fundió con las familias de la nobleza y poderosas de las islas, convertidas en tronco de las familias Manrique de Lara y del Castillo fundiendo su apellido a favor de estos.

 

ARENCIBIA

Apellido de origen vasco (etimológicamente del euskera: vado de espinos) y una transformación en Canarias de Arancibia. Es traído por el escribano MIGUEL DE ARANCIBIA, natural de Ondarroa y primero en utilizar la forma Arencibia, se instala en la villa de Teror aproximadamente a mitad del siglo XVI. Enlazó con JACOBINA DE TROYA, natural de Gran Canaria.

Uno de sus descendientes, FRANCISCO ARENCIBIA RODRÍGUEZ, nacido en Teror en 1646, casó en Moya en 1673 con JUANA RIVERO GONZÁLEZ, avecindándose en Fontanales, con amplia descendencia de al menos once hijos, convertidos en el tronco de la mayoría de los arencibias moyenses.

 

ARMAS

Apellido que se genera a partir del oficio de rey de armas. Su inicio en la isla se debe a JUAN NEGRÍN que tuvo esta dignidad y localizamos en Canarias en la primera mitad del siglo XV, en la época de la conquista señorial. También el apellido fue adoptado por indígenas de La Gomera.

 

BÁEZ

Castellanización del portugués Vais, de donde es su procedencia. Apellido frecuente, sin relación entre los mismos. A poco de la conquista de Gran Canaria, aparece inscrito este apellido como pobladores tempranos en la isla, aunque sin determinar relación de parentesco entre ellos.


BARREDA (BARRERA)

ALONSO DE LA BARREDA,  casado con ANA DE VERA, hija de Martín de Vera y Elvira Gutiérrez de Gatica, nieta del conquistador Pedro de Vera, tuvieron cuantiosas propiedades: tierras y un ingenio en el barranco de Rapado, donde estuvo la ermita de la virgen de Guadalupe.

 

BENÍTEZ

Apellido patronímico, originario del nombre Benito. En Gáldar, existieron varios JUAN BENÍTEZ, el primero documentado por nosotros, estuvo casado con CATALINA MICHEL. Pudo ser conquistador, aunque no consta. Su descendencia emparentó con familias de raigambre como Quintana, Rojas, Guanarteme, Zurita, Guzmán...

 

CRUZ

De la Cruz se convierte en apellido a partir de nombre y referido a una advocación, en Moya se inicia partir de una línea del apellido Hernández. Sus descendientes irán tomando las formas iniciales de Hernández de la Cruz o de la Cruz Hernández, hasta quedarse en De la Cruz.

El tronco fue JUAN DE LA CRUZ HERNÁNDEZ, nacido en el lugar alrededor de 1670, hijo de Sebastián Hernández y Ana de Palenzuela, enlazado en 1691 con AGUSTINA DE LA TORRE HERNÁNDEZ. Sus descendientes utilizaran las formas Hernández de la Cruz o de la Cruz Hernández, hasta quedarse en de la Cruz.

 

TRUJILLO

Toponímico, tomado de la localidad extremeña del mismo nombre. Los hermanos HERNANDO y PEDRO DE TRUJILLO fueron conquistadores, naturales de Jerez de la Frontera.

Pedro de Trujillo, conquistador de Gran Canaria, recibió tierras y aguas en Gáldar en el año 1485, con Pedro de Vera ejerció como alcalde. Casó con Ana Fernández con la que tuvieron por hija a Isabel Sánchez. En el año 1508 era fallecido.

Su hermano Hernán Trujillo, conocido como el Teniente Viejo, nacido en Jerez de la Frontera en 1463, fue conquistador de Gran Canaria, La Palma y Tenerife. Vino a la conquista de Gran Canaria con Pedro de Vera y fue teniente de gobernador (1483-1491). Con Alonso Fernández de Lugo pasó a la conquista de La Palma y Tenerife. Como conquistador tuvo que tener repartimientos en Gran Canaria, constando que tuvo un molino en el Real de Las Palmas. En su testamento en 1510, no menciona que estuviera casado ni que tuviera hijos legítimos, pero se documenta que tuvo descendencia con su esclava indígena Ana a Fernando y Juan, y con Constanza Mexia a Leonor Trujillo.

El magistral Marrero (1913), atribuye su ascendencia al conquistador Hernán Trujillo, supuesto abuelo de JERÓNIMO y AGUSTÍN TRUJILLO, así como la fundación del lugar.

En esto, no tenemos constancia documental ni indicios que estos Trujillos pudieran ser descendientes del “Teniente Viejo”. Lo que sí parece cierto que se trata de una de las familias fundadoras de Moya, con un papel destacado en estos siglos.

De otro linaje, GREGORIO TRUJILLO ALTAMIRANO se asentó como repoblador en la isla a poco de ser conquistada. Natural de Sevilla y oriundo de Trujillo, casó con FRANCISCA DE OSSORIO, su casa estuvo en Carretería; a él, se debe el nombre del populoso barrio de Trujillo. Esta línea desde 1705, se fundió con la de Manrique de Lara. Su descendencia no se vinculó residencialmente en la villa.

En Moya, los primeros Trujillo que documentamos, pertenecientes al mismo linaje, vivieron en la segunda mitad del siglo XVI, el capitán AGUSTÍN TRUJILLO casado con CATALINA DE ALMEIDA (ver Almeida), y su hermano JERÓNIMO TRUJILLO esposado con MARÍA DE LOS ÁNGELES.

Esta familia tuvo una importancia y prevalencia social en la villa, tanto en propiedades como cargos de poder. Manteniendo alianzas matrimoniales con familias locales de similar status: del Río (Díaz y Hernández), Benítez, De Armas, Almeida, Melián, Ortega, Moreno, Travieso, Marrero que acrecentaron su poder y estatus.

En la villa obtuvieron cargos: SALVADOR y ANTONIO TRUJILLO dejaron su firma en la solicitud de licencia para construcción de la nueva iglesia. AGUSTÍN TRUJILLO, alcalde real (1650 y 1652-1658). El alférez Tomás Trujillo (1686-1690 y 1696-1704) fue alcalde de agua (1692, 1693, 1694 y 1696). FRANCISCO TRUJILLO, alcalde real de Firgas y Moya (1710). El alférez TOMÁS TRUJIILLO, alcalde de agua (1708) y alcalde real (1712 y 1715-1720). El alférez SEBASTIÁN TRUJILLO, alcalde real (1714-1715). JUAN TRUJILLO MORENO, alcalde real (1774-1776). FÉLIX TRUJILLO FALCÓN, alcalde real (1787).

Desde nuestra consideración, hemos intentado transmitir que la nobleza de la villa de Moya estriba en su gente, a través de generaciones que, sin excepción, han contribuido a su grandeza y progreso.

Su población actual se asienta en la conjunción de orígenes que hace cinco siglos comenzó a fraguarse con indígenas, castellanos, de las islas, portugueses y, en menor proporción, normandos, genoveses y africanos.

Para ver más sobre los apellidos históricos de Moya:

http://www.geneacanaria.blogspot.com.es/2013/01/apellidos-de-antiguos-pobladores-de-la.html

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